El mirlo era un hermoso pajarillo que se pasea por los bosques y los campos agitando su plumaje y felizmente canta libre al viento. La inocencia de esta ave le hace mirar la ternura de un hermoso niño, que con sus ojos ipnotisa, con sus labios le imita con su mano le alimenta y con su astucia le seduce. Pobre mirlo, que inocente.
El pajarillo se acerca cauteloso en un momento, pero luego, sin hacer caso a sus miedos, dejandose levar por su instinto mira al niño, se le acerca y se deja coger por aquel que al inicio le invitó.
Que incencia de mirlo, no sabía el secreto que aquel angelical niño guardaba. Sí, tras un instante de amable locura, el niño le aprieta y le hace entrar a la fuerza en la trampa.
Pobre mirlo, que ignorante, no sabia que ese instante de placer ante tan angelical criatura le costaría tan caro. Su libertad.
Llegó el niño alegremente hasta su casa y le mostaba a sus amigos el hermoso mirlo que con tanta habilidad capturó. En la jaula el pobre mirlo, cantaba solo por instinto, comia porque sentía hambre pero en su pecho faltó el aire puro del bosque.
Peo los dias pasaron y aquel niño contemplaba emocionado y escuchaba con agrado a aquel alegre cantor. Mas no sabía lo que oía, el creía escuchar un canto, mas para el mirlo era un llanto que salía del corazón.
Cada día canta mejor, decía el niño, mas el mirlo con los ojos cerrados imaginaba el gran prado en que algun tiempo voló.
Una mañana de invierno un gatto lindo y tierno con sus ojos avivados a aquel mirlo deseo, mas su deseo era cruel, cruel para el ave, mas para el lindo gatito un instinto de gula y sin dejar una pluma a aquel mirlo comió.
Cesó el canto y cesó el llanto de aquel ave viajera y cuando el niño llegó, un dolor le invadió. Lloró el niño, por ser niño, pero luego olvidó.
Pero el cielo no olvida a aquel ave cantora que con su plumaje elegante a las nubes alegró.
Pero el inocente mirlo, por inocente ignorancia cayo bajo, lloró, pero al final se liberó.
miércoles, 29 de agosto de 2007
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